¿Somos lo que comemos? o ¿Comemos lo que somos?

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¿Somos lo que comemos? o ¿Comemos lo que somos?

Por Ramon Clotet | “Somos lo que comemos”, es una frase recurrente, que se repite a menudo desde hace años cuando se habla sobre nuestra alimentación especialmente en temas divulgativos de dietética, denominaciones de origen y gastronomía. Pero ¿se piensa en un análisis semántico de su sentido?…

“Somos lo que comemos”, es una frase recurrente, que se repite a menudo desde hace años cuando se habla sobre nuestra alimentación especialmente en temas divulgativos de dietética, denominaciones de origen y gastronomía. Pero ¿se piensa en un análisis semántico de su sentido?

“La visión panorámica nos da a contemplar que nos iniciamos comiendo lo que nos correspondía dentro de lo que éramos, tanto en la cultura global propia ligada a la producción, como en el escalado social existente”

A un primer nivel analítico parece evidente, por la estructura de la frase, que nuestra identidad depende del alimento. Si nuestra alimentación fuese totalmente vegetal, nuestra identidad sería planta, si animal, la correspondiente. La realidad que observamos nos configura que la frase es errónea o en último extremo simbólica.

Olvidemos por un momento la frase y demos una ojeada rápida a la historia de las civilizaciones.

La movilidad del hombre propició la aparición de organizaciones (culturas) que incluían el pensamiento y los sistemas, entre ellas el alimentario, ligado a las producciones que comprendían las zonas de movilidad posible del transporte (ligado además en este caso a perecibilidad de muchos alimentos). Y esta es la razón fundamental de que cada cultura estuviese relacionada con un sistema alimentario característico.

El incremento progresivo de la movilidad introdujo influencias tanto en la cultura en si como en los sistemas alimentarios, introduciendo nuevas variedades en el campo y, con ello, en la cocina, por ejemplo.

La intensa movilidad de hoy, tiende a difuminar esta relación muy a menudo, en todo el mundo y a partir de un cierto nivel económico, se comen productos elaborados con técnicas que no corresponden a la cultura a la que está inscrito el comensal.

La visión panorámica nos da a contemplar que nos iniciamos comiendo lo que nos correspondía dentro de lo que éramos, tanto en la cultura global propia ligada a la producción, como en el escalado social existente. Pero hoy, la intensa globalización nos lleva a la pregunta de si el posible desarrollo de una cultura universal nos llevará, una vez más, a comer lo que esta cultura nos ofrece. He aquí la gran prospectiva.

En todo caso y por el momento, permanece en las grandes culturas, y sus religiones como símbolo, celebrar sus días señalados con una comida que reafirma, en el subconsciente de los ciudadanos, lo que son. Las tradicionales cenas y comidas de Navidad y Año Nuevo lo confirman. Para todos los que así lo interpretan y para los que lo comprendan ¡Felices Navidades y Venturoso 2014!

Por Ramon Clotet | Secretario Fundación Triptolemos

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2014