Sociedad y Sistema Alimentario: La actual situación nos hace reflexionar

Sobre el proyecto

Muchas veces se olvida que disponer de alimentos adecuados es el primer eslabón de todo lo demás: se puede vivir largo tiempo si se tiene salud, pero no largo tiempo sin comer. Es por ello, por lo que no debe olvidarse tampoco el gran esfuerzo durante la crisis de todo el entramado empresarial, institucional y personal para asegurar que no pasemos un día sin comer.

 

Se empieza por el esfuerzo de agricultores, ganaderos y pescadores, pero desde ellos a nuestra mesa hay un largo recorrido. La materia prima inicial hay que acondicionarla, transformarla para que sea estable, tecnologías que han sido desarrolladas desde hace unos años como esterilizar, congelar, refrigerar… se han sumado a las centenarias como salazón, ahumado, deshidratación, fermentación…dando productos que mantienen el valor nutritivo de los alimentos, a la vez que facilitan la labor de preparación y aseguran el suministro, todo ello fundamental en esta pandemia.

 

Por todo ello, hay que reconocer el valor estratégico de las empresas elaboradoras que, con su personal técnico y productivo, contribuyen sólidamente a que la pandemia no evolucione a una crisis de hambruna. Pero es un trabajo conjunto, hay que añadir todo el sector empresarial auxiliar (envases, embalaje, etiquetado, equipos industriales…) y la estructura del transporte y distribución.

 

El enfoque anterior es un aspecto parcial del complejo sistema alimentario, que va más allá del documento de FAO fundamentalmente destinado a evaluar la situación en disponibilidad y accesibilidad para una dieta nutricionalmente correcta. Las problemáticas alimentarias, las hambrunas, los desarreglos nutricionales… estaban ya presentes antes de la crisis del Covid-19. Es un tema que arrastra la sociedad, con más o menos intensidad, desde el Neolítico. Nuestra madurez actual y nuestros medios nos obligan a que el tema sea planteado globalmente a la más alta instancia hoy mundial: Naciones Unidas.

 

El buen funcionamiento del sistema alimentario exige una coordinación de acción entre todos los factores, pero no con su objetivo individual sino el óptimo para el sistema. Ello exige una fuerte acción de un área determinada: la formación en el mundo de la ciencia en equilibrio con el humanismo. Naciones Unidas tiene un organismo para ello: UNESCO. UNESCO muy recientemente ha publicado unas reflexiones globales sobre cómo enfocar el milenio futuro: “Humanistic futures of learningy en el aspecto de los retos alimentarios expone el planteamiento “Education to create a sustainable global food system”. Este es el primer eje básico, el saber, (conocimiento,  comportamiento y cultura). Pero, sin una formación científica y humanista es difícil mover los otros vectores en el equilibrio adecuado del sistema. Los otros ejes básicos que conforman el Sistema Alimentario: Disponibilidad, Economía y Políticas disponen de amplitud de caminos para su óptimo desarrollo sostenible, pero ¿cómo se priorizan? La sociedad y sus representantes deben apostar por el conocimiento y buscar el equilibrio en el sistema alimentario global y para ello es necesaria una formación y culturalización al respecto.

El milenio se presenta a la vez complejo, amenazador y esperanzador. Hablamos de energía sostenible para nuestras actividades, pero no debemos olvidar la energía para la vida: los alimentos. Sin la armonía en el funcionamiento de un sistema alimentario sostenible y equilibrado a nivel mundial, la ilusión ética para el siglo XXI no será posible. Por ello NACIONES UNIDAS como la más alta institución en nuestro planeta, y coordinador de todas sus agencias involucradas, debe fijar las estrategias y las responsabilidades para conseguir el equilibrio ético y sostenible en el que debe ser el cumplimiento coordinado de varios de sus objetivos del milenio, ya que la relación del hombre con su alimentación es algo más que “hambre cero”, el segundo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

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