La comida y el desperdicio alimentario (Verde que te quiero verde)

La comida y el desperdicio alimentario (Verde que te quiero verde)

LA COMIDA Y EL DESPERDICIO ALIMENTARIO

ZARAGOZA, 30 de noviembre de 2017

Dra. Yvonne Colomer

Directora Fundación Triptolemos

 

El tema de la  8ª edición del programa “verde que te quiero verde” que organiza la Asociación de industrias de alimentación de Aragón en Zaragoza y moderado por la periodista Pepa Fernandez del programa “hoy no es un día cualquiera” giró en torno a “La comida y el desperdicio alimentario”. Contó entre otros con la participación de Fundación Triptolemos para el desarrollo alimentario, que enfocó su intervención según sigue:

Nos preguntamos: ¿Por qué tiene tanta relevancia este tema?

La población mundial crece se espera unos 9000 millones de personas en el 2050, tendremos pues que disponer de más alimentos para alimentar a esta población.  El 75 % del planeta es agua (océanos, mares, ríos….) y el 25 % tierra, pero solo el 3,9% es cultivable. De  aquí la necesidad que tenemos de optimizar los recursos.

 

Un  dato muy importante  y a veces poco analizado, es que el 60% de la población mundial en el 2050 estará en zonas urbanas. Este dato condiciona la oferta de alimentos (disponibilidad, distribución, envasado…) y el consumo (hábitos, tiempos disponible de preparación….). La tipología de consumo en zonas rurales o urbanas es diferente.

 

 

La agricultura consume el 60% de agua disponible en la tierra y el sector agroalimentario el 30% del consumo de  energía mundial.

Además, necesitamos unos 3000 litros de agua para productor 1kg de arroz, 1300liitros 1kg de trigo, unos 15000 litros para producir 1kg de carne de vaca, 140litros de agua para producir una taza de café ó 1 manzana 70 litros de agua.

Los recursos que tenemos son limitados y la demanda aumenta. Tenemos que producir más con menos. No podemos renunciar a la ayuda que nos ofrece  la ciencia y la tecnología.

FAO el organismo de Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación, distingue entre el concepto de pérdidas (disminución de alimentos comestibles en las etapas de producción, post-cosecha y procesamiento de la cadena alimentaria, causas técnicas) y el concepto de desperdicio o despilfarro (más bien debidas a cuestiones de comportamiento del ciudadano, cultura, hábitos, desuso de alimentos comestibles a nivel minorista y de consumo).

Así el desperdicio se asocia al consumo final (restauración, hogares..).

La eliminación de las pérdidas, el desperdicio de alimentos y los residuos es fundamental para mejorar la disponibilidad alimentaria.

 

El despilfarro de alimentos tiene  impactos ambientales negativos (consumo de agua, tierra, energía y otros recursos naturales escasos utilizados para producir alimentos que nadie consume). Pero también, el uso indebido de los recursos naturales tiene repercusiones sobre la mitigación del hambre y la pobreza, la nutrición, la generación de ingresos y el crecimiento económico.

Más de un tercio de los alimentos producidos en la actualidad se pierde o se desperdicia. Los costes financieros del desperdicio de alimentos son muy cuantiosos.

El gráfico nos indica que el desperdicio alimentario (referido al consumo en el último eslabón de la cadena) es mucho mayor en los países desarrollados o ricos (Europa, América del norte, Autralia…).

 

Podemos deducir que la reducción del desperdicio  alimentario si o si implica cambiar el comportamiento y los hábitos  de la población en los países desarrollados. El comportamiento del consumidor en los países desarrollados es clave p

ara reducir las pérdidas de alimentos.

Existen muchos manuales de buenas prácticas a disposición, elaborados tanto por instituciones nacionales o por organismos internacionales, que hacen recomendaciones a nivel de consumo en el hogar o en la restauración o en las empresas para evitar tanto el desperdicio como las pérdidas de alimentos en la cadena de valor.

Podemos pensar en cambios más radicales: disminuir los costes energéticos y el material a reciclar, aumentar el % de reciclado, utilizar el concepto de km 0 (el coste de transporte expresado en Kcal o kjoules tiene que ser igual o inferior a la energía alimentaria transportada), envases reutilizables, envases con otros materiales, aumentar relación peso producto/peso envase, investigar reciclajes más eficientes ( ya que el reciclaje en si tiene un coste energético, rendimiento inferior al 100% y coste ambiental), distribución a granel con garantías sanitarias (disminuye dramáticamente peso de envase/peso de producto).

 

A modo de ejemplo:

Podemos imaginar las complejidades a afrontar  en un ejemplo real: la reactivación de la deshidratación de productos deshidratados con tecnología que va desde el secado al sol (100% ecológico) hasta la liofilización. El resultado es un producto final con menos peso (una reducción de al menos el 80%) que no necesita refrigeración, ni congelación, reducción asimismo de volumen con lo cual el envase será más pequeño. Así pues, fomentar la tecnología del deshidratado supondría un ahorro en envases, en energía, en volumen de almacenes, en peso y volumen a transportar….. todo llegará.

 

En todo caso el desperdicio alimentario no es solo un problema de la cadena de suministro, es un reto del sistema alimentario global que exige una coordinación estratégica a largo plazo,  que resuelva los retos reales de sostenibilidad del planeta y a la vez disponibilidad de alimentos, mediante un acuerdo de cooperación de ciudadanos, empresas y organismos gestores a nivel mundial.

¿Qué podemos hacer?

Siempre un talante positivo y optimista para enfrentarse  a la realidad.

Nos estamos refiriendo a un reto global que precisa de un acuerdo serio, que involucre a todos el sistema en un reajuste total de la cadena del valor y  de las percepciones y actitudes del consumidor.

Sin ello, la solución no es posible.

Y reuniones con ya 8 ediciones del “verde que te quiero verde” invitan al optimismo, porque las acciones continuadas en las bases de la sociedad acostumbran a dar solución al problema.

Fundación Triptolemos es consciente del reto de producir más con menos para alimentar a una población creciente y en un entorno de sostenibilidad global. Entre otros desarrollo, tiene una Cátedra UNESCO “Ciencia e innovación para un desarrollo sostenible: seguridad alimentaria y producción de alimentos “y ha editado recientemente el libro sobre “El Sistema Alimentario global: globalización, sostenibilidad, seguridad y cultura alimentaria” con la editorial Thomson Reuters.